Es uno de los muchos motes que le han adjudicado a Miguel Ángel Jiménez a lo largo de su carrera. El de mecánico, se lo atribuyó un periodista que, con bastante mala baba, escribió que Jiménez se parecía más a un mecánico que a un piloto de carreras. Se hacía eco, así, de la pasión que siente el malagueño por los Ferrari; tiene uno al que mima como si fuese su hijo. Lo cierto es que Jiménez se aleja bastante del prototipo de jugador de golf actual: pelo rojizo, largo y rizado y sujeto con una coleta cuando se mete en faena. Mostacho frondoso y un sempiterno habano que le acompaña allá donde vaya.
En una época en la que los jugadores se han convertido en atletas, Jiménez luce una orgullosa curva de la felicidad, a pesar de que se cuida y hace ejercicio. Además no olvidemos que la televisión engorda y en persona, está hecho un palo. Incluso su forma de calentar, antes de una ronda, llamó la atención de la televisión norteamericana. Lo más bonito que salió de la boca, de sus comentaristas, es que era poco ortodóxo.
Qué se puede esperar de una nación que aún carcajea y se escandaliza, como niños de 6 años, cuando ve las “partes nobles” de los bañistas aunque sea en una playa nudista. Pero a lo que ibamos, esta semana Jiménez ha hecho historia. Con su victoria en Hong-Kong, se ha convertido en el jugador más veterano en ganar un torneo del circuito europeo. Tiene 48 años, más de 24 de carrera profesional en el circuito y, el “Pisha”, otro de sus motes, sigue empeñado en estar en la cresta de la ola. Su victoria ha sorprendido a todo el mundo, excepto a los que le conocen y a él mismo.
Jiménez es una prueba más, de que no éxiste otro deporte en el que una carrera exitosa profesional pueda durar varias décadas. Y lo mismo sucede a nuestro nivel, lo que en el fútbol se denomina categoría “tuercebotas”, pero dejémoslo en amateur. Muchos achacan la longevidad de los profesionales al escaso esfuerzo físico que supone jugar al golf. Es una de las mayores falacias a las que nos enfrentamos los amantes de este deporte. Estudios publicados, desde el año 2000, revelan que un golfista aficionado, que juegue 18 hoyos, caminando, en 4 horas, quema una media de 900 calorías. Muchas más para aquellos que jugamos al golf militar (izquierda, izquierda, izquierda derecha, izquierda). Para que os hagáis una idea, 1 hora corriendo quema alrededor de 400 calorías. Pero no sólo eso, estudios publicados en Alemania y, realizados a jugadores de golf de entre 40 y 67 años, concluyeron que el nivel de trigliceridos, de dichos jugadores, bajó un 18% y, su colesterol bueno aumentó un 6%, además su corazón latía entre 110 y 135 pulsaciones. Es decir, el golf es uno de los deportes más beneficiosos para la salud cardiovascular a partir de los 40 años de edad.
Si todavía no estáis convencidos para uniros al gremio de “cavazanjas” que engrosa nuestra Real Federación Española de Golf, os presento una de las mejores frases sobre los beneficios del golf, de Lee Treviño, ganador de 6 grandes a lo largo de su carrera: “Sólo hay dos cosas en esta vida que puedes disfrutar sin ser demasiado bueno en ello. La otra es el golf”
