En las escuelas de arbitraje, la señalización del final del partido siempre ha sido muy discutida.
La rama de Brian Von Ribbentorp, árbitro alemán de Ohio, recomienda que mientras pitas, levantes un brazo, el otro, señales a los vestuarios y te vayas en buena lid con los contrincantes. En cambio, Lee Ho Hu, trencilla chino, apuesta por un pitido fuerte, un abrazo a los jugadores y un saludo al público, si este se ha comportado con respeto. Pero probablemente el más revolucionario sea el bolivariano Edgar Ramírez, que apuesta por no pitar y, con un grito seco, soltar “¡Todos al suelo!”. Esta práctica, no aceptada por la FIFA, sí ha sido bienvenida por algunos pueblos indígenas del alto Perú con mucha algarabía: al encontrarse a tanta altura, el tirarse al suelo les permite soltar peso y relajar músculo.
Después de estas disgresiones metodológicas que, suponemos, son del agrado de los más jóvenes, vayamos al centro de la cuestión: ¿cuándo debe pitar el final un árbitro, una vez el tiempo de descuento esté superado? ¿Cuándo el balón se halle en un córner se puede pitar? ¿En un contraataque que pueda dar la victoria o el empate al equipo visitante? ¿Antes de tirar un penalty decisivo?
No queremos joder, pero nosotros, que somos muy vagos, afirmamos que los partidos, cuanto menos duren, mejor, y que la próxima medida que debería tomar la FIFA sería instaurar la regla de tiempos del baloncesto en el fútbol. Reloj marcha atrás, se para cuando el juego esté interrumpido y se termina cuando el contador llegue a cero. Todo limpio. ¿Qué es eso de dejar en manos de un señor cuánto dura un partido? ¿Por qué los árbitros tienen que trabajar de más?
Foto de cachonda vestida de árbitro escogida por completo azar.
Ahora que el pitido final de 2012 se acerca, desde “Lo que el ojete no ve” reivindicamos que 2013 se acabe cuanto antes y podamos, como ahora, escribir un artículo como este rogando que 2014 pase rápido.
Un abrazo a todos los premiados.




