Uno de los deportes que más amo es el atletismo, pero hay un deporte que me atrae con un poder increíble y no es por casualidad, sino porque lo practiqué durante muchísimo tiempo como vidente y pude disfrutar de lo lindo de su grandeza. Pero también desde mi lado invidente, capaz de desatar en mí emociones sin igual, y alegrías que a través de sus grandísimos momentos y sus figuras míticas que eran verdaderos dioses, me enamoró este bello deporte que es el Ciclismo.
Uno de estos dioses era Lance Armstrong, quien aplastó a todo un cáncer testicular y que supuestamente ganó siete Tours de Francia, quien ademas motivaba a una generación de niños, jóvenes, etc… y con su golpe de pedal ponía el pelo de punta a todo hombre o mujer. Todo un referente e icono donde mirarse que con su historia personal nos llenaba de energía a raudales actitud y valores, una fundación Livestrong que ahora quizás quede marcada de por vida, donde salió por su puerta de atrás y hoy no quede ni una de sus pulseras de color amarillo y donde a través de sus obras llenaba de esperanza a muchísimas personas que lo necesitaban.
Ese golpe de pedal es de quien era nuestro héroe, quien nos levantaba del asiento y me emocionaba, pero ¿qué pasa con la ética de uno mismo? Quizás Amstrong nos engañara y de esta manera quede manchado el deporte, pero hoy por hoy muchos deportistas siguen y seguirán la única vía que existe para superarse en la competición “el juego limpio”. Éste es el único camino que yo entiendo.
Como aficionado a este increíble deporte estoy seguro de que sus grandes competidores son gente limpia, sus armas son la coherencia y un entrenamiento metódico, pero lo que si está claro es que nuestros sueños y los sueños de muchos se desvanecieron como todo aquel sudor de trampas dañinas para el deporte y sus aficionados cuando llegaban a Alpe d’ Huez sin que pasara nada.
Solo queda seguir disfrutando del bello deporte del ciclismo, confiar en la ley y la ética deportiva que nos ampara, y por supuesto esperar que todo lo ocurrido nos valga para que no suceda jamás.

