Basketball IQ

28

dic 2012

El día que el destino cambió

por » @a_monje

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‘Caminante, no hay camino, se hace camino al andar’. Así lo escribió Machado y como filosofía de vida perduró desde entonces. Reseñar que no importa tanto de dónde vienes como a dónde vas, como circunstancia que alimenta la percepción de construir el destino en lugar de arrojarse resignado hacia él.

A comienzos del diciembre pasado (2011), en Los Angeles había una franquicia que acomplejaba y otra acomplejada. Sobra decir cuál de ellas eran los Clippers. Los mil veces llamados hermanos pobres, los mil y una desdichados y objeto de burla. Hasta que todo cambió.

Cuando los Lakers se lanzaron a por Chris Paul pocos se sorprendieron. Cuando el movimiento fue denegado, fueron ya muchos. Pero cuando apenas unos días más tarde los Clippers fueron quienes consiguieron al por entonces base de los Hornets, no había hueco en todo el país para guardar el asombro.

Chris Paul

La franquicia del casi, de la expectativa previa y el fracaso posterior, había conseguido a una estrella. Una de las de verdad. De esas que no solo se iluminan a sí mismas, sino también a todo lo que les rodea. Aquel 14 de diciembre lo cambió todo. Por dentro y por fuera. Los Clippers no volverían a ser los mismos.

Después de clasificarse solo una vez para PlayOffs en los últimos catorce años, de registrar balances de victorias negativos en dieciocho de las últimas diecinueve temporadas y de ganar una sola serie de la post-temporada en veinticinco años, la incompetencia llegó a su fin. Se marchó para no volver.

Chris Paul se encargó. En su primer curso en la franquicia, los Clippers tuvieron balance positivo (40-26), consiguieron billete para la fase final y pasaron una ronda. Tres en uno. Pero ahora, recién cumplido un año desde que el jugador formado en Wake Forest (cuna también de un tal Tim Duncan) defiende la elástica angelina, el poder parece haber crecido exponencialmente.

Ahora Blake Griffin parece más maduro. Ahora Jamal Crawford ha pasado de microondas a volcán. Ahora no hay notas dispersas desde el banco, sino una sinfonía armónica que parece no acabar nunca. Ahora incluso Vinny Del Negro no está ya cuestionado. Ahora nos acordamos de Chris Paul.

Rozando los peores promedios anotadores (16 ppp) de su carrera, su influencia en el juego se ha agigantado hasta abrumar. No anota, domina. Y los Clippers no solo ganan, convencen. Un año natural ha bastado, Paul ha dado la vuelta a una mentalidad histórica que parecía imperturbable. Ha demostrado, ya lo escribía Machado, que importa más andar que el camino.

Los Clippers acumulan quince victorias consecutivas -su mejor racha de siempre- y lideran la NBA. Es el momento de tomar muy en serio su presencia. Argumentos sobre la mesa hay muchos, desde el dominio del ‘clutch’ hasta el saber cómo interpretar partidos ante diferentes rivales o competir en los días oscuros. Con un nexo común en todos ellos: la sangre competitiva y el talento de un jugador llamado a marcar una época. Incluso en los Clippers, si él quisiera.

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