Abel Resino, en su presentación como entrenador del Celta
Salva siempre mezcló su oficio con su particular manera de pensar, irritante para muchos. Y las aficiones tienen derecho a que los directivos respeten sus antipatías, pero no por cualquier motivo (el del veto por ideología es discutible). Además, el rechazo en este caso parte de un grupo ultra, que lideró los ataques contra Ballesta cuando era jugador con gritos intolerables. Mouriño ha cedido por miedo no por respeto y además muy tarde (en su obligación estaba conocer y valorar la animadversión que generaba el ayudante antes de dar tantos pasos). No queda bien el presidente. Pero el que peor parado sale de este feo y desagradable caso es Abel Resino. No hay plato de lentejas que justifique un abandono así. Y no sólo es que haya que darle más vueltas a lo de Salva. Es que ese comportamiento mezquino del técnico no dejará de perseguirle.
“Mi educación y mi estilo nunca han sido señalar a ningún compañero”
Sergio Ramos (R.Madrid), el domingo en conferencia de prensa
Las diferencias en ese vestuario se niegan pero son evidentes. Mourinho es el jefe. Señala una y otra vez en público a sus subordinados y no queda bien. Porque además se comprometió con ellos a no hacerlo más. Pero las respuestas públicas de Sergio Ramos, por más valientes que parezcan, no son de recibo. Constituyen un desafío continuo al superior que rebasa los principios básicos de autoridad y debilita la imagen del club. Ilustran eso sí del caos y la anarquía en la que se ha convertido el Madrid. Y la caducidad del técnico afeado por su capitán.
“Mi sugerencia es que en esta ocasión contra el Barcelona, un cierto Messi debería ser marcado al hombre”
Silvio Berlusconi, el dueño del Milan
No suele ser bueno que los presidentes jueguen a ser entrenadores. Es una tentación peligrosa de intromisión, ya sea con comentarios en alto o con sugerencias en voz baja. Cuando la frase la pronuncia Silvio Berlusconi, un habitual de las injerencias técnicas, la broma adquiere casi la condición de instrucción. “Pero decido yo”, se ha visto forzado a contestar el entrenador del Milan, Maximiliano Allegri. En cualquier caso está en un aprieto. Se le mirará con lupa.
“La convocatoria se hace pensando en los 18 que mejor están; lo de Adán es una decisión como otra cualquiera”
Aitor Karanka, segundo de Mourinho, el domingo en conferencia de prensa
Mourinho no se ha visto obligado aún a responder sobre el respeto que pedía hacia Adán y sobre el que finalmente le ha tenido personalmente al chico. De jugar por estar mejor que Casillas, a ficharle a Diego López para quitarle el puesto y mandarle ahora a la grada como cuarto portero. Habló Karanka por su jefe, para tirar balones fuera. Pero la posición del técnico tiene difícil defensa. Pidió respeto para el guardameta, pero jugó con él.
“¿Muchas expulsiones? Son cosas que no dependen de nosotros”
Aitor Karanka, el domingo tras la expulsión de Sergio Ramos
Lejos de interpretar la propensión a las expulsiones de los suyos como un problema propio a enmendar, el que habla por Mourinho se desmarcó del asunto. La culpa es de los colegiados, vino a decir con su salida. Cuando un defecto no se asume es imposible corregirlo. Las rojas no se acabarán.
Diego Pablo Simeone, al dar su lista de convocados para la Liga Europa
No la acompañó de una declaración. Pero no hizo falta. Simeone habló suficientemente alto con los hechos. Con una vergonzosa lista de convocados despojada de ocho titulares para intentar la remontada ante el Rubin Kazan. Un rendición expresa impropia del Atlético e irrespetuosa con su condición de campeón de la Europa League y de la Supercopa. La convocatoria vuelve sospechosa la esperpéntica sesión de la ida y convierte la aventura europea del Atlético en una estafa. Si no hay plantilla para tanto que se avise antes. ¿Devolverá el club el dinero a los socios que adquirieron el abono total? Decepcionante.


