A mí que me acosen, oiga, que yo no me mudo ni de gayumbos. Leo que el jugador del Everton Marouane Fellaini ha confesado que ha decidido cambiar su residencia de Liverpool a Manchester porque no aguantaba el acoso al que le sometían las féminas en Liverpool y miro una y otra vez su foto y me quedo “muñeco” (expresión que he copiado a un amigo gallego). Y es que a Fellaini los liverpoolienses, o como se diga, le trataban más bien mal, o sea, que no podía salir de casa sin que a alguna se le abriera… la cremallera del escote, o como el jugador belga declaró recientemente a The Sun: “Las mujeres se abalanzaban de repente sobre mí”. En Manchester es otra cosa, oiga, uno va y está tranquilamente tomando unas pintas y le tratan y le miran con respeto.
Y es que Fellaini no quiere ser una gran estrella, no quiere flashes de los paparazzis, no quiere que hablen de su vida y no quiere que le toquen las narices de arriba ni las de abajo. Ahora va a resultar que el mozo es un gentleman, claro, y si no que se lo digan a Natalie Rooney, la mujer a un escote pegado de la foto con la que estás flipando mientras lees esto. Con ella tuvo un affaire hace años y tiempo después de la cita la joven decidió sacar provecho al hecho de haberse acostado con el jugador de moda, así que contó con pelos y señales los “secretos de alcoba” del belga a un diario digital de Liverpool asegurando que Marouane no pensaba en otra cosa que en el sexo y que en su “primera cita” se bajó los pantalones diciéndole que no fuera tímida y que hiciera lo mismo porque quería saber cómo era su culo, pues lo había visto en una foto y quería saber si era así de verdad, sin retoques de photoshop, ya se entiende. 
No es que quiera meterme donde no me llaman, pero es que a mí el voyeurismo me tira mucho y puedo comprender perfectamente que a este Fellaini lo que le guste es llamar la atención y dar la nota, justo lo contrario de lo que predica, además de dar cabezazos en el terreno de juego. ¿Que no?
Eso, o tirar también por el lado romántico, que el hombre también tendrá su corazoncito porque, en ese caso, tampoco sería tan difícil decir que lo que quiere es evitar tentaciones para (parece que ahora sí) serle por fin fiel a su chica, Lara Binet, la belleza rubia que fue finalista en el certamen de belleza de Miss Bélgica y que ahora parece, dicen las malas lenguas, ocupar el otro lado de la cama… o del corazón, si nos ponemos tontorrones.
